Bosco delicias

Trenes en el jardín. Más trenes.
Hay lugares a los que se llega en tren, o no se llega.
Desde la ventanilla se puede ver el patio.
Hoy los galpones son pasto verde y hay otro perro.
Hay otra nena jugando.
Una figura negra parece una sombra, pero no lo es.
Los pájaros enormes alimentan a otros yo.
Paso con mi tren entre otros trenes, que van a otros lugares.
Los cruces tienen encanto, se arman vínculos breves entre pasajeros.
Y cómo no salir a pescar en pez. A la noche, cuando está oscuro.
¿Cómo podría ser de otra forma? Hasta el paraíso se presenta inquietante.
Las personas empujan. Juntas hacen fuerza.
La monja chancho no pide permiso.
La belleza se esconde en la ostra, pero deja ver un pie,
y todos se desesperan por tocarlo.
¿Hasta donde llega el miedo a la muerte?
Oídos afilados, hombres perseguidos,
pesados por la balanza y tocados por la música.
Escondidos, acosados.
Me quedé entre dos puertas que no abren.
Construcciones camarón.
Rosadas, huecas.
Ambas puertas tienen luz que sale por las hendijas.
Hay gente adentro. Retumban risas.
Ayer había ruido de animales, hoy de fuego.
Me quedé con preguntas.
Y cómo no escaparse disfrazado de lechuza. O de cangrejo. O de lagartija.
¿Cómo podemos quedarnos ahí?
Espejos.
Como semillas de la planta carnívora.
¿Cómo?

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